LA ODISEA
Luces y sombras de un pilar inmortal de la mitología clásica
¿Qué decir de La Odisea que no se haya dicho ya? Como amante absoluta de la mitología clásica (los que me conocéis sabéis que es mi debilidad total y devoro cualquier cosa que trate sobre el tema), esta relectura del gran clásico de Homero me ha servido para reafirmar algo que ya sabia desde que releí La Ilíada a principios de año: la curiosa y desesperante capacidad que tenía el autor para no saber estructurar una historia y darle espacio a lo que no lo tiene.
Es un clásico inmortal, por supuesto, pero eso no lo hace intocable. A la hora de narrar, da la sensación de que faltan muchas cosas y sobran tantas otras. Resulta frustrante ver cómo pasa casi de puntillas por los pasajes más épicos y fascinantes del viaje, despachándolos como si nada, mientras que no escatima en dedicar cientos de palabras y páginas enteras a detallar las genealogías infinitas de quién era hijo de quién. Se nota en qué partes disfrutaba escribiendo el tío, aunque a costa del ritmo de la trama.
Por si fuera poco, mi experiencia con la reciente adaptación de Christopher Nolan fue una lástima. Sé que es solo una opinión, pero me pareció bastante insatisfactoria. Falta tanto de lo importante…
Que sí, que sigue siendo un pilar indispensable de la literatura universal que siempre merece la pena releer, pero no por ello hay que dejar de señalar sus costuras estructurales ni el particular criterio de su autor para priorizar lo que contaba.
Por cierto, recomiendo leerla en la edición del enlace 😉
