EL LUGAR DEL COMIENZO
Una novela sobre convertirse en adulto
Un umbral hacia la madurez
El lugar del comienzo es una de esas historias que parecen sencillas en superficie pero que esconden mucho más bajo la piel. Ursula K. Le Guin nos lleva de la mano a través de una prosa delicada hacia una puerta que aparece casi sin avisar, un umbral que Hugh Rogers cruza huyendo de la monotonía de su vida. Al otro lado está Tembreabrezi, un mundo suspendido en un crepúsculo eterno, un lugar que parece refugio y promesa al mismo tiempo.
Allí conoce a Irene Pannis, que desde la adolescencia ha hecho de ese espacio su territorio secreto, casi su propiedad emocional. Cuando una presencia oscura amenaza con quebrar la calma de ese mundo, ambos se ven obligados a emprender una misión peligrosa. El miedo inicial y la desconfianza se transforman poco a poco en un vínculo inesperado que los empuja a crecer, aunque no estén preparados para ello.
Es un libro corto e intenso, un paseo por la prosa bella y reflexiva de la autora. Ese otro mundo no es simplemente un lugar donde escapar de la rutina. Es una metáfora clara del tránsito hacia la adultez, de dejar atrás la adolescencia y enfrentarse a las experiencias que implican madurar, tanto en lo corporal como en lo sentimental. Habla de romper con la familia de origen, de distanciarse de los padres y de comenzar a construir una nueva identidad junto a otra persona.
En algunos momentos me ha parecido raro y quizá demasiado explícito en lo que quiere contar, casi subrayando su intención simbólica, pero al mismo tiempo entiendo que esa claridad forma parte de lo que busca transmitir. Es una fábula diferente, breve y metafórica, que utiliza lo fantástico como espejo del crecimiento personal y que deja una sensación extraña pero profunda al cerrarlo.
