DONDE NACE LA NOCHE
Un viaje oscuro a la mitología finlandesa
Donde nace la noche arranca como un cuento que podría recordar a los de los Hermanos Grimm o a Hans Christian Andersen, con ese tono naïve, suave y casi inocente en el que dos amigas, Siiri y Aina, viven con sus diferencias pero también con un cariño profundo que las une. Todo parece tranquilo hasta que lo imposible irrumpe en sus vidas: una diosa de la muerte desciende y arrastra a Aina hasta Tuonela, el inframundo.
A partir de ahí la historia cambia por completo. Siiri decide emprender un viaje hacia el norte para rescatarla, buscando la ayuda de un chamán legendario que, según cuentan, logró entrar en Tuonela y regresar con vida. El problema es que ese chamán lleva mucho tiempo muerto. Mientras tanto, Aina sobrevive como puede en un lugar gobernado por una Reina Bruja que convierte cada instante en una pesadilla, y donde incluso el dios de la muerte tiene planes más oscuros para ella.
La historia no deja de escalar. Lo que empieza como algo íntimo y casi sencillo se convierte en una aventura épica en la que cada una sigue su propio camino. Por un lado Siiri enfrentándose a todo lo que el mundo le lanza, desde criaturas hasta magia y peligros constantes, y por otro Aina sobreviviendo entre dioses y pactos que tienen un precio terrible. Y cuando digo que harán lo que sea, es literalmente eso.
No lo consideraría un romantasy al uso. De hecho, para mí ni siquiera encaja del todo en esa etiqueta. Es una fantasía cargada de simbolismo, con dioses crueles que no perdonan y con una presencia constante de la mitología finlandesa que lo envuelve todo. Mitología por todas partes, en cada escena, en cada decisión, en cada consecuencia.
Una historia que empieza engañando con su apariencia de cuento suave y termina convirtiéndose en algo mucho más oscuro, más grande y más potente, donde la amistad, la muerte y el sacrificio se entrelazan de una forma que no se olvida fácilmente. Ya espero el segundo con ganas, porque esto será una bilogía.
